Marcela Solís Quiroga

Armando Pereira en su domicilio.

Preámbulo

En 2003, la poeta Marcela Solís Quiroga entrevistó al escritor Armando Pereira Llanos (1950-2023). La entrevista permaneció inédita desde entonces. Por fortuna, recientemente, en los archivos de Filopalabra, fue localizada una copia mecanografiada. Tal como lo hicimos con una extraña y prácticamente inédita entrevista a Diego Rivera [ver «La utilidad de la obra de arte llena toda la escala de las necesidades humanas»: Diego Rivera (1957)], hoy, como una labor de rescate, publicamos aquella entrevista de 2003 con el autor de obras como La cuerda del pozo, El ruido del mar, Verificación de la ausente, Las palabras perdidas, Amanecer en el desierto, Graffiti, El ojo de la aguja y México en la imaginación europea del siglo XX. A quienes quieran profundizar más en este autor mexicano-guatemalteco-español, les recordamos que en este mismo sitio se publicaron los siguientes homenajes: «Mis recuerdos de Armando Pereira», «Armando Pereira Llanos (1950-2023), ensayista e investigador literario» y «Armando Pereira Llanos (1950-2023), creador literario». Asimismo, el canal de YouTube Grandezas de Liliput también produjo un emotivo homenaje a este escritor muerto de cáncer en 2023.

Portada de Amanecer en el desierto.

La entrevista

El día de hoy, lunes 16 de junio de 2003, estamos en la casa de uno de los investigadores más serios de la literatura hispanoamericana, en el domicilio de un hombre que ha combinado armónicamente la actividad académica con la creación literaria: Armando Pereira, autor de Ciudad sitiada, Amanecer en el desierto, Las palabras perdidas; coordinador del Diccionario de literatura mexicana del siglo XX, compilador de los ensayos que componen el tomo de Juan García Ponce ante la crítica, de Editorial Era, e integrante del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Marcela Solís Quiroga (MSQ): Buenas tardes, Armando. Gracias por permitir este encuentro para brindarnos, a mí y a quienes lean esta entrevista, la oportunidad de conocer aquellos factores que permanecen ocultos al lector y que han determinado la producción de tu obra. A muchos escritores les parece que la actividad académica atenta contra el espíritu creativo, puesto que son dos actividades distintas y celosas que, en casos extremos, se amenazan con el exterminio. Armando, tú que no sólo perteneces al SNI, sino que también das clases y escribes ensayos, así como narrativa, ¿qué opinas al respecto? ¿Has experimentado este conflicto entre la academia y la antiacademia? ¿Cómo se han relacionado, en tu vida profesional, la investigación, la docencia y la creación literaria?

Armando Pereira (AP): En mi caso este conflicto, del que suelen hablar los artistas que no pudieron con el peso de la academia, no existe. Sería como pensar que el lenguaje y la creación se encuentran en una esfera, en una dimensión totalmente ajena a mí mismo. Las lecturas teóricas y la disciplina de la academia me han abierto otras puertas, de tal manera que cada una de mis actividades cotidianas se relaciona entre sí, aunque, a veces, tengo que hacer a un lado la creación para cumplir con los trámites que la academia me exige.

MSQ: Sí. A mí me parece que cada una de las actividades que realizamos debe verse como una parte de lo que se quiere ser, un fragmento de nosotros mismos, insustituible. Lo que mencionas es cierto: hay para quien la academia significa una carga por la gran disciplina que exige, pero no por ello debe esperarse que el arte sea menos disciplinado.

AP: Todo lo contrario, Marcela. El acto de la escritura implica un compromiso que rebasa las barreras de su propia creación. Se trata de un compromiso con el lenguaje, con la realidad narrativa, con las circunstancias de las que emerge, con el mismo escritor, al abrirse como un ser de realidades encontradas.

MSQ: Estos elementos, ¿podrían formar parte de tu visión del mundo como creador literario? Si alguien te pidiera que definieras tu poética, ¿cómo la definirías?

AP (se ríe): ¿Va en serio la pregunta? (Se queda un tanto pensativo). A ver, espérame… Pues definitivamente diría que mi poética es realista.

MSQ: ¿Podrías ahondar más al respecto? ¿Cómo debemos entender el realismo en el siglo XXI? ¿A la manera de Benito Pérez Galdós o de aquellos otros escritores que se calificaron como realistas durante el siglo XIX?

AP: Me refiero a tomar lo ideal literario como punto de partida y subsumir cualquier otro elemento subjetivo a esa instancia de realidad narrativa; es decir, trazar un hecho —una circunstancia objetiva— para que a partir de éste surjan todos los demás elementos. Para mí, lo real narrativo debe tener más peso que cualquier otro elemento. Evidentemente, mi concepción tiene como origen el realismo decimonónico, pero no es igual, ya que antes que privilegiar la realidad extraliteraria, le abro el paso a mi narración como un ideal vivo.

MSQ: ¿Y dónde hallas las diferencias fundamentales entre cuento y novela al momento de escribir?

AP: La diferencia entre cuento y novela, más allá de lo que puedan decir muchos teóricos al respecto, es que en la novela uno intenta incluir la mayor parte de la realidad, mientras que en el cuento se recorta una parte de esa realidad para profundizar en ella. El cuento —en mi caso— nace completo. La novela tarda en gestarse, por lo que me doy tiempo para que el lenguaje de otros me renueve.

MSQ: ¿Hay alguna novela que primero hayas concebido como cuento o viceversa?

AP: Las palabras perdidas originalmente era un cuento, pero cuando me di cuenta de que la problemática se ampliaba a otras circunstancias y personajes, me percaté de que su solución no pertenecía a la estructura de un cuento, sino a la de la novela.

MSQ: La fuerza de los temas que tratas en tus narraciones; es decir, el deseo, la crisis psicológica, el erotismo, el tedio cotidiano, la urbe… ¿qué influencias han tenido de otros autores? ¿A quiénes podrías denominar como tus influencias más conscientes? Hago énfasis en la conciencia sobre las influencias, porque también existen aquellas que no lo son y que sólo los lectores pueden develar.

AP: Qué bueno que hagas esta distinción, porque hay escritores que no tengo presentes y se filtran. Con Amanecer en el desierto me pasó algo muy curioso: dos de mis amigos, Huberto Batis y Eduardo Casar, coincidieron en que mis cuentos tenían influencia de Malcolm Lowry, pero yo no me había percatado de ello. En cambio, sí puedo decir que, en un primer momento, cuando escribí Ciudad sitiada, mis lecturas fueron Ernesto Sabato, Julio Cortázar y José Lezama Lima. Con Amanecer… y Las palabras perdidas tuve muy presente a Albert Camus, pero sobre todo a Cabrera Infante y a Héctor Manjarrez, quienes trabajan más sobre el ámbito de la literatura realista que me interesa.

Portada de la segunda edición del Diccionario de literatura mexicana Siglo XX.

MSQ: Pasando a otra faceta de Armando Pereira como escritor e investigador, tengo entendido que coordinaste el Diccionario de literatura mexicana. Siglo XX, editado hace tiempo por el Instituto de Investigaciones Filológicas, y que esta obra es un intento por organizar la vida literaria de México, dejando atrás la concepción romántica de la literatura como sólo un producto  de la inspiración de un autor. ¿No te parece, pues, que al incluir en el Diccionario desde cafés literarios hasta polémicas y librerías, pasando por grupos y corrientes, también recreas el panorama cultural del siglo XX mexicano?

AP: Evidentemente, el objetivo fundamental del Diccionario era poder estructurar una visión global de la literatura mexicana del siglo XX. Una de las virtudes de esta obra es que cada lector puede elaborar su propio recorrido por esa cultura, de acuerdo con sus necesidades específicas. Para poner un ejemplo, podemos suponer qque el recorrido puede partir de la novela de la Revolución Mexicana y llegar hasta la novela de la guerrilla, pasando por la novela cristera, novela  de contenido social y novela del petróleo, o bien, hacer un recorrido por las principales revistas que marcaron la vida cultural en el México del siglo pasado desde la revista Azul… hasta la revista Alforja y, a partir de ellas, descubrir qué es lo que nuestra cultura ha discutido en cada momento. Así, el Diccionario se plantea como una compleja diversidad de lecturas que se complementan.

Juan Antonio Rosado, Claudia Albarrán, Angélica Tornero y Armando Pereira con Anita Pereira.

MSQ: ¿Cuál fue tu experiencia de trabajo con investigadores como Angélica Tornero, Juan Antonio Rosado y Claudia Albarrán?

AP: Fue, tal vez, una de las experiencias académicas más intensas y estimulantes en la medida en que en ellos se reunía una inteligencia, una dedicación y una capacidad de trabajo como nuunca llegué a imaginar. La labor desarrollada por ellos fue significativa en todo sentido, pues supieron reunir de manera exhaustiva toda la información requerida en cada uno de los rubros que contempla el Diccionario: visitaron bibliotecas, centros culturales, librerías, cafés literarios, entre otros lugares, tanto de la Ciudad de México como del interior de la República. Así, lo que al principio era tan sólo un proyecto impredecible llegó a convertirse en el diccionario que es hoy, fundamentalmente gracias a ellos.

MSQ: ¿Piensan realizar una segunda edición de este importante trabajo?

AP: Claro que sí. Actualmente estamos trabajando en eso.

MSQ: ¿Cuáles van a ser las variantes o las modificaciones fundamentales que se verán reflejadas en la segunda edición?

AP: Por una parte, se incluirán alrededor de cincuenta fichas nuevas que, por olvido o deficiencia, no aparecieron en la primera edición y que, gracias al señalamiento de críticos y lectores, pudimos recuperar para esta segunda edición. Además, muchas de las fichas ya existentes se van a ampliar con datos que no habían sido contemplados originalmente. También se incluirá un índice de autores que abrirá la posibilidad de seguir a un autor a lo largo de su desenvolvimiento intelectual y de su participación en la cultura mexicana durante el siglo XX.

MSQ: Me parece que debe ser muy satisfactorio no sólo que la primera edición se haya agotado con éxito, sino, sobre todo, mejorarla en una segunda versión. Bien se ha dicho que la mejor obra es la que cobra vida mediante la interacción con sus lectores, ya que siempre está abierta a modificaciones y a ampliar su horizonte de expectativas. Realmente, créeme que estaré esperando ansiosamente a que esta segunda edición salga a la luz pública. Hacer un diccionario no es tarea fácil y menos si es un proyecto tan ambicioso como éste. Reunir la vida literaria mexicana de un siglo requiere un compromiso muy intenso, compromiso al que, en parte, aludías hace unos instantes cuando hablábamos sobre el realismo de tu narrativa. Así, pues, para finalizar, ¿nos podrías dar tu opinión acerca de la literatura comprometida socialmente?

AP: Para mí, toda literatura, cualquiera que sea su problemática, desde lo individual hasta lo colectivo, es una literatura socialmente comprometida, en tanto que la sociedad interviene de manera definitiva en la vida personal, y a la inversa. Cualquier acto afecta una sensibilidad colectiva y, al mismo tiempo, la sociedad, a través de sus recursos de represión, actúa moldeando las conductas individuales. La obra literaria es producto de estos encuentros y desencuentros.

MSQ: Muchas gracias, Armando. Fue un placer platicar contigo y conocer cómo una persona, en la actualidad, puede desenvolverse en distintos mosaicos de la vida literaria mexicana, actividad que hoy, más que nunca, debe vincularse con las circunstancias que prevalecen en nuestro país.

AP: Gracias y a ti y estamos en comunicación.

EN LOS SIGUIENTES VIDEOS DEL CANAL CULTURAL GRANDEZAS DE LILIPUT, SE PUEDE AMPLIAR CONSIDERABLEMENTE LA INFORMACIÓN SOBRE ARMANDO PEREIRA:

https://www.youtube.com/watch?v=d0dxlv6f3F0

https://www.youtube.com/watch?v=sFKdaxT5Zi4

https://www.youtube.com/watch?v=_KJQg-6VvEQ