Tal vez no. Tal vez nunca. Es probable que jamás encuentres mi libro entre las recomendaciones del mes, en la sección cultural de tu periódico de confianza o entre los más vendidos del año, o que mi nombre halle un lugar en alguna —por lo menos mediocre— lista de poetas mexicanos más leídos. No este libro. No el siguiente. Quizás tampoco un título después del siguiente. Me faltan razones para pensar (sí, «me faltan» dije) que seré galardonado con un premio importante de literatura. O uno menos importante. Uno estatal, o uno vecinal. «Otorgamos este premio a lo mejor de la poesía entre los habitantes de la colonia Infonavit Norte…» Me hacen falta razones, literalmente. ¡Las necesito! Necesito creer que volveré a esa sala vacía, rincón en Casa del poeta Ramón López Velarde, en donde las veces que presenté algún poemario fueron igual a la cantidad de asistentes: unas tres o cuatro. Ahí, donde los aplausos compasivos del público somnoliento resonaron en las esquinas del auditorio como secos chasquidos que acompañaron el eco de mi voz abandonada. Creer que volveré a aquel recinto, pero ya no estará vacío, sino que apenas hallará mi voz lugar, apenas hallará un espacio entre el murmullo de la multitud para hacerse oír. Y diré a la muchedumbre: «Yo ya estuve aquí una o dos veces, y mi único público eran los anfitriones de este centro cultural y una familia que llegó por accidente.» Y el público reirá. Y yo me haré el gracioso una vez más, y luego otra vez, como si, en vez de la presentación de un poemario, se tratara de un stand-up comedy show barato y poco ingenioso, pero la gente lo va a tolerar porque tendrán comezón de oír mis poemas. ¡Poesía en voz de su autor! Y reirán, nuevamente, de un último chiste malo antes de comenzar. Y diré, cerca del micrófono: «Era necesario que todo aquello aconteciera… (cual hijo de Dios profetizando sobre el fin de los tiempos)… porque así es como se empieza, así comenzaron los grandes», dando por hecho que soy un grande. Y puede que alguno en medio del gentío quiera gritar: «¿¡Quién dice que tú eres uno de los grandes!?», pero se conformará solamente con pensarlo, porque más grande será su buena educación que mi ego infundado. Y enunciaré los ejemplos de siempre, los más citados, aquellos que la gente está harta de oír, pero que aún soporta porque se cree que hay que soportarlos. Hablaré, por ejemplo, de Van Gogh y de cómo en vida tan sólo vendió un cuadro; y aunque eso no sea del todo cierto, lo voy a mencionar de todas formas porque es romántico y esperanzador. Hablaré de Poe, hablaré de Kafka. Hablaré, inclusive, de bandas de rock que sólo eran conocidas por hacer ruido en sus garajes y que terminaron siendo íconos internacionales. Diré todo esto para «demostrar» cuán necesario era que todo aquello pasara, que la gente no me buscara, que fuera el poeta menos conocido, que fuera patético, y que era menester ser un don nadie antes de ser un alguien. Hablaré con orgullo y con la garganta henchida. Hablaré de humildad y lo haré con falsa modestia, con toda la falsedad de la que sea capaz, arrimándome obscenamente a la hipocresía. Habrá quien lo note, pero su prudencia seguirá siendo más grande, mayor aun que mi delirio de ser alguien.
ELIAS…tú ya eres GRANDE para Dios y para muchos de nosotros FELICIDADES y que sigan los éxitos, estoy segura que tus padres están muy orgullosos de ti..TQM
Elías siempre estamos orgullosos de ti, eres familia, pero no solo por eso, sino por la calidad de lo que haces. Muchas felicidades !!!!!