Jack Douglas Archaga

 

A SOCVA

 

La poesía es el conforte vital

adentrarse en los rituales

olvidados en cada una de nuestras

muertes.

 

Es como reconocer

la conciencia del mundo

mientras la lluvia

remoja mis dudas,

mientras el delirio

de la realidad amenaza

con sus armas, con sus penas,

con la ceguera como guía.

 

Es como el hablar de un príncipe

con la noche como manto,

cómplices en la ruina

que estira las ansias de vida,

que prolonga la nausea,

gesta el vacío,

cambia el tiempo.

 

¿Por qué nos aferramos a este

desorden en nuestro ser?

 

Cada una de nuestras voces

programando la mente,

cada uno de nuestros nombres

codificando los minutos

en estos años insomnes.

 

¿Qué es lo que grita tan alto

dentro de mí?

 

Río hipnótico de sonido

que besas mis palabras,

que rejuveneces mis ojos,

que al sentirte, siento, que

el mundo es verde.

 

¿Qué es la caída en perpendicular

al infinito?

 

Compañera de celda,

atrapada entre humanos,

asfixiada en llanto,

podrida en amores idos,

diseccionada en academias,

mercantilizada por la burguesía,

desidia entre quienes más te necesitan.

 

Es como sacarse las vísceras

para la eternidad,

es como habitar el tiempo

quemadura de dios

que madura de dios.

 

Es como reconocer tu ausencia

en mi cotidianidad absorta,

en los vagones atestados,

en la soledad de dispositivo implantado,

en el segundo que se alarga,

en mis brazos donde faltas.

 

Es como sostener la última esperanza

de que las palabras fluyan,

de que el silencio no sea sepulcro,

de que la noche otorgue un indulto

para ya no penar por la herida habitual.

 

Barca de flores que traes a todos los muertos,

en la fiesta y el desenfreno,

que ofrendas mis manos al viento,

que besas las aguas y surge el alma.

 

Niña vagabunda y desesperada

regalaste tus labios

en las alcantarillas y cunetas,

(Refugio de poetas)

que vendiste tus ojos

al encanto humano,

que salvaste la historia

con tus versos enredados.

 

Señora madre,

licor añejo

fuente de descontento

viuda apacible

de suicidas e histéricos,

que con tus rezos…

 

Amada de mirar reprochante,

concede tu voz al desesperado,

ama a quien te ama,

seduce y encanta,

reviste y renueva,

conforta y sana,

ama y perdona.

 

Desecho poeta,

desdichado poeta,

remienda tus manos,

vuelca tu ser al verso,

esculpe el tiempo,

olvida los anhelos,

vuelca tu ser al verso,

deformado poeta

desquiciado poeta.

 

Lamento animal,

poesía pura:

ronroneo, ronroneeoo,

aullido, auuullido.

Nuestra distancia de lo divino.

 

¿Por qué seguir si ya todo está dicho?

¿Por qué luchar, una y otra vez,

por otro amanecer?

¿Por qué amar si la muerte,

igual, nos ha de alcanzar?

 

─¿O no? ─