
Catalina Nenclares
Gilberto Bosques (Puebla, 1892 – Ciudad de México, 1995) es una de las figuras más distinguidas en la historia diplomática de México, pero por alguna extraña razón, este multifacético e interesante personaje, quien se desempeñó como profesor, periodista, político y diplomático, carece del reconocimiento que merece.
Cuando se inició la Revolución mexicana, Bosques tenía 17 años y estudiaba en la Escuela Normal de Puebla. A pesar de su juventud, se unió al Maderismo y participó en el levantamiento de Aquiles Serdán; colaboró en la defensa contra la invasión estadounidense de 1914; se unió a las fuerzas constitucionalistas de Carranza y, durante su gestión en la Educación Pública, organizó el primer Congreso Pedagógico.
Bosques, amante de la libertad y la justicia, consideraba que la educación era esencial. Luego del triunfo de la Revolución, ingresó en la política y llegó a ser diputado y presidente del Congreso de la Unión. En 1938, fue director del periódico El Nacional, donde gozó de la libertad de prensa otorgada por el presidente Lázaro Cárdenas. Al año siguiente, fue nombrado cónsul general de México en Francia (1939-1944) y llevó consigo su ideario revolucionario: un ideario antifeudal, anticolonialista, antirracista, antireeleccionista y democrático.
Cuando Francia fue vencida y los nazis ocuparon París, Bosques instaló el consulado mexicano en Marsella; entonces empezaría su extraordinaria labor humanitaria y diplomática. Con una clarísima visión de lo que tenía que hacer, comenzó a trabajar con gran firmeza y profunda convicción ética en el ejercicio de sus funciones en la diplomacia internacional.
Como cónsul general de México, Gilberto Bosques poseía un sello que le permitía salvar vidas y, con enorme valor y generosidad, poniendo en riesgo tanto su vida como la de su familia, decidió usarlo para emitir visas mexicanas.
Era tal el número de refugiados que necesitaba una visa, que Bosques adquirió dos castillos en las afueras de Marsella (Reynarde y Montgrand) y los convirtió en asilos temporales para albergar a casi 850 hombres en uno y a cerca de 500 mujeres y niños en el otro.
Después de terribles sufrimientos, miles de personas viajaron a México entre 1939 y 1942 a bordo de barcos, principalmente portugueses, que el propio cónsul contrató. Rumbo a su anhelada libertad, cruzaron el mar mexicanos, españoles, austriacos, italianos, libaneses y, naturalmente, judíos.
Cuando el gobierno de México rompió relaciones con el gobierno colaboracionista de Vichy, al mando de Philippe Pétain, Gilberto Bosques fue arrestado por la Gestapo y llevado, junto con su familia, a un hotel-prisión en Bad Godesberg (actualmente conurbada con la ciudad de Bonn). Luego de casi un año, fueron liberados gracias a un acuerdo con el presidente Ávila Camacho, que estableció un intercambio por espías alemanes.
Cuando el excónsul regresó a México, el 28 de marzo de 1944, fue recibido, como el héroe que era, en la estación ferroviaria de Buenavista por miles de refugiados desbordados de gratitud. Poco después, retomó su carrera diplomática y ocupó el cargo de embajador en Portugal (1945-1950), Suecia (1950-1953) y Cuba (1953-1964).
Muchos mexicanos no saben quién fue Gilberto Bosques quizás porque en las escuelas no se enseña la vida y obra de este admirable personaje. Con frecuencia se menciona a Oskar Schindler para que la gente se sorprenda con el impacto de las acciones del notable mexicano, pero la sorpresa es aún mayor al saber que, mientras Schindler salvó a alrededor de 1,200 personas, el cónsul mexicano salvó a cerca de 45,000.
Gilberto Bosques fue un hombre íntegro, comprometido consigo mismo y con los demás; su grandeza, sencillez y magnanimidad se reflejan en sus propias palabras: «para mí fue un privilegio poder encontrarme en esa situación que me permitió desenvolver una acción en la gran causa del hombre».
Concluyo con esta acertada cita de Benito Taibo en relación con Gilberto Bosques: «Algunas veces los héroes son personas ordinarias que se convierten en personas extraordinarias; en este caso, hablamos de una persona extraordinaria que se convirtió en lo más extraordinario».
Fuentes
Visa al paraíso, México, D.F., Lillian Liberman, Producciones Nitya y FOPROCINE, 2010.
El Refugio de los Conspiradores, México, D.F. Capítulo Gilberto Bosques, Productor: Tomás Torres, 2016.
Me pareció muy interesante el artículo sobre Gilberto Bosques ya que es increíble que. no se tenga tanto conocimiento sobre su vida y todo lo que logró con su ayuda
Excelente artículo para difundir a los valiosos mexicanos que han existido y que hoy tanta falta hacen, felicidades por su publicación
Me encanto conocer su vida, pero sobre todo saber qué hay Mexicanos que trascienden fronteras en busca de ayudar a otras personas y es una pena que no se mencione en los libros de historia, ya que a los niños les serviría de mucho para fomentar sus valores y conocer más sobre nuestros héroes.
Felicidades Caty.
Excelente ?????? Redacción y muy interesante saber de un Mexicano que no se conformó con hacer su trabajo sino que fue más allá de su deber
Yo sugeriría incluso hacer llegar esta relación a nuestros talentosos Directores de Película (Alfonso Quarón o Guillermo del Toro) para que conviertan esta maravillosa historia en una película, donde pudieran plasmar sus comentarios los descendientes de esos 45,000 refugiados que salvaron su vida gracias a Gilberto. ¡Excelente artículo y extraordinariamente educacional!
Muchas gracias por compartir información de tan valioso y generoso Mexicano que prácticamente está en el anonimato para muchos de nosotros.