Juan Antonio Rosado Zacarías

Pablo Picasso: Retrato de Marie-Therese Walter (h. 1936)
I
DUALIDAD
Hay dos Cármenes distintas
en un mismo cuerpo:
la Carmen de la noche,
la Carmen de los días.
Si las oyeras hablar y sonreír
creerías que se tratan de la misma:
Carmen de la guerra,
canción solar, poema duro
y solitario.
Tras esa máscara de hierro
se oculta la canción de porcelana,
el poema de la luna y la ternura
de la hermana nunca vista.
¿Misterio de la Santa Dualidad
amada y encubierta
por ayeres de naufragio?
Misterio del que todo instante participa
en el sueño de la vida.
Secreto de presencias ocultas,
esculpidas como estatuas
en el lago del silencio y la palabra.
Hay dos Cármenes distintas
en un mismo cuerpo:
la Carmen de la calma
y la calma del estruendo;
la Carmen de tiempo embalsamada
en dulces elocuencias,
la Carmen del rayo y de la espera.
Cuando Carmen se apoya
en el espejo de la brisa,
dos caras —un Jano femenino—, dos cuerpos,
dos instantes aparecen:
el poema que me ve como a un río prometido,
la llama que me ve tan sólo como niño.

Eduardo Rosado Z.: Pecho de paloma (2014)
II
TU FUERZA, TU CONDENA
Eres frágil.
Tu tejido orgánico, delgado,
compuesto de blandos, yuxtapuestos
globos oculares,
humedece su blandura con el tacto
y acaso estalle un día y se deshaga
en un estúpido tropiezo.
Pero mirar con tu cuerpo
a todas direcciones
y almacenar en tu memoria cada punto
parece lo más triste y terrible de tu don.
Sí: tu fuerza radica en las membranas
que te cubren.
Mas la fugacidad con que aprecias
cada breve, cada nimio detalle
se asemeja al agua incorpórea
que se seca bajo un sol de rabia:
deja la huella de la mente
sin el fuego que la hizo fluir.
Así es la múltiple movilidad
de los muchos ojos que te forman:
tan sólo rememora
la huella
pero no la fuerza que la condenó
a su permanencia.

III
MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS
a Marcela
Derrites con tu aliento las palabras
en el hueco de tu palma.
Disueltas, líquidas, brillantes…
ya no brincan…
Aderezas los vocablos
con el tacto de tus ojos.
Trituras, desmenuzas, derramas los sonidos
en mi boca.
Fijan la sonrisa, la eternizan,
multiplican el azogue del espejo.
Unen labios y manos,
funden tiempos;
vuelven de las bocas una boca
y un cuerpo de dos cuerpos
sobre el árbol de la entrega.
Ramaje incierto, delirios anulados
cuando arde el agua pétrea de la fuente.
Juntos calcinamos los estrechos límites,
y el lenguaje que era nuestro
abandona lentamente las palabras.

Salvador Dalí: Muchacha en la ventana (1925)
IV
CANCION DE AMOR
a una mujer inexistente
ERES alegría que danza en otros valles,
lobreguez sublimada por un beso,
la mañana que derrite nuestra piel
sobre un caudal de sudor dulcificado.
ESTÁS allí por ser la sonrisa del alba,
la saliva que enmudece las palabras,
el recuerdo de vivencias transparentes,
la reunión perseverante de los brazos.
ESTÁS allá por ser la voz de la caricia,
la mirada en el furor de calles,
el vocablo en la mudez de los alientos
saturados de memoria y protección.

José Manuel Merello: Muchacha con corazón (1960)
V
ESTACIÓN DE LABIOS
Tus labios de otoño
replican sin palabras
como el aliento al calor
penetrante del deseo.
Marchitos huyen de la savia
y con saliva prófuga
forman una flor;
delgados se bañan,
acarician el vapor del beso,
fugaz recuerdo
desde el canto del sol.
Caen tus labios en el mar:
frescura de algas, encía renovada,
paz de velero en dientes de coral,
paz de amuleto en las respuestas del invierno.
Secos, tus labios se empapan
en la sangre oscura de este lecho,
caen en flor, en la saliva.
Y en la calma de la noche,
retumba un eco de dolor.